Tarta de chocolate y crema de castañas

…de “castaño” oscuro.

Tarta de chocolate y crema de castañas

Chocolate y castaña danzan al paso en esta tarta, formando una unidad harmoniosa en la que nadie tiene mayor protagonismo. Constituyen en su conjunto una suave y gustosa mousse que, acompañada con un glaseado de chocolate blanco con aroma a anís, nos acerca a la memoria un aroma perfectamente reconocible tras un pequeño ejercicio del paladar para despertar de los sentidos del gusto y el olfato ese aroma que evoca una infancia llena de recuerdos con sabor a castaña y anís.

¡Toma castaña!

Tarta de chocolate y crema de castañas

La castaña y el chocolate son dos productos que combinan muy bien, aunque siempre las he visto glaseadas con chocolate o como acompañamiento, casi nunca integradas. De hecho, otro de los postres que he preparado (o inventado) durante estas semanas ha sido una crema de castañas al estilo Nutella©/Nocilla© [*]: leche, cacao, “castañas” y azúcar… ¡“Castilla”! ;-) Ya la he bautizado. Otra historia que, si el azar así lo permite, quizás pueda llegar a ser publicada.

[*] No me gusta nada hacer publicidad, ni cobrando, pero menos renegar de aquellos alimentos con los que he crecido y por los que tengo un cariño especial.
De pequeño, cuando el presupuesto lo permitía, nuestra madre nos daba de merienda un buen bocadillo de Nocilla o de chorizo Revilla. Ahora, de adulto con reservas, después de haber contrastado esos nuevos sabores que han ido conformando lo que se suele llamar “gusto”, me decanto (sin dudarlo) por la Nutella ©. El mayor porcentaje de avellana (más del doble), unido a sus apasionantes aromas, ha conseguido superar la barrera emotiva que formaba (y forman) los recuerdos de mi infancia, si bien, en el fondo, sigo reservando un rinconcito de mi corazón para esos frascos de crema guardados en vasos de cristal reutilizables. Nunca se compraban vasos, por lo menos que yo recuerde, para eso se tomaba la Nocilla.

Tarta de chocolate y crema de castañas

He estado varias semanas preparando platos con castañas: cremas de varios tipos (de marron glacé, con sirope, con leche,…), marron glacé, purés, mousses, tarta combinada (ésta) o de 90% castaña (algún día),… No sé por qué empiezo con ésta, probablemente porque es la última o porque se une con una de mis pasiones: el chocolate.

Pasta, puré, crema,.. Algunas calificaciones en cocina resultan tan imprecisas que pueden llegar a confundirse, y el fino hilo que las separa se rompe con mucha facilidad. Por lo menos a mí me pasa, y más con las castañas.
La castaña es un fruto con el que se pueden hacer gran variedad de cremas o pastas, tanto dulces como saladas. Con alto contenido en agua y bajo en grasas, incluso es una buena opción para [email protected] que desean tener una dieta hipocalórica.
Para mí, la reina de todas las cremas en la de “marron glacé”, dulce y aromática, con el hándicap de que la castaña ha perdido gran parte de su aroma natural en detrimento de un sabor más dulce.

Tarta de chocolate y crema de castañas

Con variantes, yo distinguiría tres grandes grupos de cremas elaboradas con castañas:
(a) Pasta o puré de castañas. Un puré hecho con castañas cocidas al que prácticamente no se le añade ningún ingrediente más. A lo sumo: un poco de azúcar (o glucosa, jarabe), sal o leche/nata, sólo en las proporciones mínimas para darle un pequeño aporte de sabor y consistencia deseados.
Si le añadimos (más) leche y mantequilla obtendremos un puré de castañas ideal para acompañar muchos platos salados, principalmente carnes. El puré de castañas también lo he usado para dar mayor sabor de castaña a postres preparados con crema de marrón glasé.

(b) Crema de castañas. Es una crema dulce que se obtiene caramelizando la castaña en un jarabe denso o cociéndola en leche con azúcar. También se le suele añadir algún aroma, normalmente vainilla, o incluso mantequilla. La cantidad de azúcar suele rondar el 75-80% del peso de (puré de) castañas.
Existen dos posibilidades: (1) cocer la castaña previamente, hacerla puré y caramelizarla en un jarabe o (2) cocer la castaña, previamente escaldada para retirarle la piel, en una mezcla de leche y azúcar. En ambos casos se obtiene un resultado excelente.
Es el tipo de crema que he usado en este postre pues, además de ser dulce, conserva un agradable sabor a castaña.

(c) Crema de marron glacé. Las más dulce, sutil y aromática. Como su nombre indica, se prepara haciendo puré los marron glacés (castañas confitadas) junto con la cantidad suficiente del jarabe resultante del confitado.
Después de haber sido confitadas, las castañas han perdido parte de su sabor natural, por lo que si deseamos realzar el sabor de la castaña puede sustituirse parte de la crema de marron glacé por puré de castaña. Originalmente se hacía para aprovechar las castañas que se rompían durante el proceso de confitado, mas ahora también ha pasado a ser una crema de auténtico lujo. Es relativamente fácil prepararla en casa, pues no es necesario que las castañas queden enteras tras el confitado.

Tarta de chocolate y crema de castañas

En esta receta he optado por usar crema de castañas realizada con un jarabe de azúcar, agua y vainilla. También podría emplearse una crema de marron glacé comprada, pero sustituyendo parte de la crema por puré de castañas para darle mayor sabor y densidad. De hecho, también he hecho una prueba con crema de marron glacé, pero mi memoria no es tan selectiva como para decidirme por una opción. Lo que sí es seguro, es que una crema de castañas caseras resulta más económica y con un mayor aroma a castaña que contrasta y realza el sabor del chocolate con leche.

Para terminar, le he puesto una fina capa de chocolate blanco aromatizado, como no, con un poco de anís estrellado [ojo, recuerdo haber leído algún ¿artículo? en el que se dudaba de la salubridad de esta especia). Si no se tiene o no se desea usar anís estrellado pueden emplearse unos anises (matalahúga, matalahúva) y/o un trocito de canela.

O magosto para agosto

“¡Galicia!, ¡metáfora do mundo!”, decían Os Resentidos.

Castiñeiro, el “árbol del pan” se le llegó a llamar. De hecho, en galego “castaña” o “castaña de terra” es sinónimo de patata (“pataca”, en galego). “Castiñeira/o”, “Souto”… son topónimos o apellidos muy comunes en Galicia. En Santiago, por ejemplo, existe un barrio que se llama “O Castiñeiriño”.

En Galicia existe una verdadera pasión por la castaña, pues durante muchos siglos fue uno de los pilares de la alimentación. Los bosques de castaños (“castiñeiras”, “soutos”…) todavía perduran pese a los estragos que realiza el mayor depredador del planeta: el hombre.

Tarta de chocolate y crema de castañas

Galicia es, junto con Francia o Italia, una de las mayores zonas productoras de castañas de Europa, tal y como puede verse en el mapa de distribución, y Castaña de Galicia está reconocida como Indicación Geográfica Protegida desde el 2009, creo recordar.
Tras el descubrimiento de América y la llegada de la patata o el maíz, fue perdiendo algo de protagonismo pero, aun así, siguió manteniendo parte de ese estatus que se constata con la exaltación y adoración que se practica durante la fiesta del “magosto”.

Tarta de chocolate y crema de castañas

El castañazo

(…)
Para mí, la castaña invoca recuerdos de mi infancia, de brumosas mañanas, de hierba mojada por la escarcha. De vez en cuando, algún que otro orvallo. Erizos escondidos entre la hierba que se abrían con los pies (era un experto en ello). El baño del sábado por la tarde, el domingo tocaba ropa limpia (y nueva). El catecismo y el maldito pecado “mortal”. Ahora, la vida eterna no sería un regalo, sería un castigo, menor que el infierno eterno, por supuesto.

Atardecer

Era sábado, jugaba con mis amigos bajo el castaño y el frío de una mañana otoñal. Había un gran castaño en una huerta cerca de mi casa, a unos 200 metros. Era enorme, tanto, que gran parte de las ramas superaban el alto y viejo muro, recubierto de un descuidado y desprendido enfoscado enmohecido, sobre el que habían puesto un irregular alambre espinoso para dificultar el acceso a los ladrones. No a los niños con pantalones de tergal como nosotros. Los vaqueros llegaron más tarde, nunca me gustaron del todo.
Pocas veces cruzamos ese muro, quizás una o dos veces como mucho. Era pecado, pero tampoco necesario. La cantidad de castañas que caían a otro lado era suficiente para satisfacer nuestro deseo. Se comían crudas, incluso con el amargor de una castaña que todavía conserva su fina piel interna.

El castaño tras la ventana

Mis amigos. Todavía de acuerdo de ellos, de casi todos esos momentos. De cada juego, de cada frase, de todas y cada una de las cabañas construidas en el monte. De esas castañas y de las pequeñas que recogíamos en otra huerta menos protegida. Del Chuspi que, exceptuando al Tom y al Nano, fue el único perro por el que sentí verdadero cariño… “Chuspi, Chuspi, toma Chuspi”. Lo mataron. Nos lo quitaron de las manos. Lo llevaron al monte para que no pudiésemos oír el disparo. ¡Pum!, entre esos ojos de mirada triste. ¡Pum! ¡Nos mintieron! ¡Cuánto odio puede engendrar el hombre! ¡Cuánto rencor! ¡Miserables!
El castaño ya no está, lo talaron, como a nosotros. A nuestra inocencia. En su lugar hay un bloque de edificios de tres plantas, alguna de ellas vacía, como muchas de esas personas que cambiaron la vida por dinero.

Tarta de chocolate y crema de castañas

Tarta de chocolate (con leche) y crema de castañas

Puedes pasarte por el blog http://www.pepinho.com para ver la receta y otras como ésta.

Tarta de chocolate y crema de castañas

El elemento protagonista de esta tarta es, por supuesto, la capa de mousse de chocolate con leche y crema de castañas. Aquí indico cómo hacer de modo fácil una crema de castañas caseras conservando el sabor a castañas.
Cuando estamos en temporada de castañas es la solución más económica y en la que la castaña tiene mayor protagonismo. Otra opción es usar crema de marrón glasé, deliciosa y dulce crema pero con bastante menor sabor a castaña. En el caso de usar crema de marrón glasé comprada, recomendaría sustituir parte de ella (casi la mitad de su peso) por puré de castañas. Así conseguimos un sabor más equilibrado y menos dulce.

Bizcocho de almendra y canela

  • 90 gr. de almendra molida.
  • 15 gr. de maicena.
  • c. s. de canela molida (dos pizcas)
  • Una pizca de sal.
  • 3 huevos grandes, separados (60 gr. yemas+ 115-120 gr. claras)
  • 100 gr. de azúcar.

(1) Precalentamos el horno a 180º C.
Mezclamos la harina de almendra con la maicena (almidón de maíz), la canela y la sal. Reservamos.
Lo mejor es retirar con antelación los huevos del frigorífico para que estén a temperatura ambiente cuando se van a montar. Separamos las yemas de las claras, evitando que se rompan las yemas dentro de la clara.
En un cuenco grande u olla montamos las yemas con el azúcar, emulsionando, mejor con un batidor eléctrico.

(2) Añadimos la mezcla de harina sobre las yemas emulsionadas con el azúcar, intentando que no se baje demasiado.
Con las varillas bien limpias, sin restos de materia grasa, batimos las claras a punto de nieve (puede añadirse un poco de sal y/o chorrito de limón).
Añadimos las claras montadas sobre la mezcla anterior, cuidadosamente, de abajo hacia arriba, de modo envolvente y girando el cuenco a medida que añadimos las claras para evitar que se baje la masa.
Extendemos la mezcla sobre una bandeja cubierta con papel de hornear, de un grosor algo menor que un centímetro y horneamos a unos 180º hasta que la masa tenga color dorado y al pulsar con un dedo la superficie recupere su posición. El tiempo de cocción depende del horno y del grosor de la plancha, entre 15 y 30 minutos.
Retiramos del horno y dejamos templar antes de despegar del papel. Despegamos del papel con cuidado y cortamos un disco de unos 21 cm de diámetro (no lo he medido). El bizcocho restante podemos… comerlo, está buenísimo.
También podríamos hornear la masa dentro del molde, pero había que controlar la cantidad de masa necesaria para que no quede demasiado gruesa o recortar horizontalmente lo sobrante una vez horneado el bizcocho.

Jarabe de canela

  • 150 ml. de agua.
  • 85 gr. de azúcar.
  • Media rama de canela.
  • Un chorro generoso (unos 20 ml) de ron añejo. [*]

[*] La cantidad y el aroma depende de nuestros gustos. El güisqui también queda muy bien con las castañas ;-) .

(1) Calentamos a fuego fuerte el agua con la ramita de canela y el azúcar hasta que hierva y éste se haya disuelto. Retiramos del calor y dejamos templar. Añadimos el licor. Reservamos hasta su uso, que será el de remojar el bizcocho. Lo mejor es mojarlo justo antes de montar la tarta para que no se evapore durante la espera.

Crema de castañas
Necesitaremos 75 gr. de crema de castañas. La sobrante la podemos guardar en un recipiente hermético en el frigorífico o, incluso, conservarla en botes y ponerla al baño maría para hacer un sellado con poco aire.
200 gr. de castañas (es el peso cocido).
150 gr. de azúcar (en torno al 75%, podemos añadirle menos o hasta un 80% del peso de castañas cocidas).
50 gr de agua (en torno a un 25-35% del peso de azúcar)
½ vaina de vainilla, cortada longitudinalmente.
Opcional: una ramita de canela o un poco de piel de naranja, anís estrellado o matalahúga.

(1) Para obtener 200 gr. castañas cocidas necesitaremos mayor cantidad de castañas crudas, obviamente. Sólo tenemos que pesar las castañas cocidas y preparar la crema con un 75% del peso de azúcar y agua (33% del peso de azúcar).
Pueden escaldarse las castañas para eliminar la primera piel exterior, mas yo siempre hago como hacía mi abuela: pelo las castañas, dejando únicamente la fina capa interior. En un cazo depositamos las castañas en agua con sal y un poco de anís estrellado o algo (poco) de anises (matalahúga). Cocemos las castañas hasta que estén bien blandas y se pueda hacer un puré con ellas.
Pelamos las castañas para retirar su fina piel interior mientras están todavía calientes. Así es más fácil retirar la piel y preparar el puré. Pasamos por una batidora para hacerlas puré. Es importante que la castaña no sea demasiado seca para que el puré sea fácil de batir. No os preocupéis si el puré queda demasiado denso, falta añadir el jarabe.

(2) Pesamos las castañas cocidas. En otro recipiente que pueda ir al fuego, añadimos el azúcar (un 75% de su peso), la vainilla cortada longitudinalmente y el agua (un 25% del peso de castañas, o lo que es lo mismo, un 33% del peso de azúcar). Hervimos el jarabe hasta que burbujee (algo menos de unos 110º C), se formen burbujas gruesas en la superficie.
Vertemos el puré de castañas de inmediato y, sin dejar de remover, caramelizamos la mezcla hasta que tenga un aspecto algo denso y, sobre todo, ligeramente tostado, caramelizado. Ojo, gana densidad al enfriar. Su densidad debe ser similar a la de una crema de avellanas comprada.
Puede sustituirse la vaina de vainilla por un poco de extracto de vainilla, que añadiremos al final, ya fuera del fuego.
Retiramos, introducimos en botes y dejamos enfriar.

Tarta de chocolate y crema de castañas

Mousse de chocolate con leche y crema de almendras

  • 110 gr. de chocolate con leche de cobertura.
  • 75 gr. de crema de castañas (casera) [*]
  • 75 gr. de nata al 35% MG.
  • 225 gr. de nata al 35% MG [para montar]
  • 25 gr. de azúcar.
  • Dos pizcas de canela molida.
  • Una pizca de sal o flor de sal.
  • ½ rama de vainilla (opcional)
  • c. s. de marron glacé finamente picado.

[*] Podría sustituirse por una mezcla de crema de marron glacé y puré de castañas.

(1)Fundimos el chocolate con leche (importante que sea de cobertura) al baño María o en un cazo de fondo grueso a temperatura baja (al 1 o al 2), mi modo preferido, incluso en el microondas. Cuando al remover con una espátula de silicona se funde con facilidad lo retiramos del calor y mezclamos hasta que esté totalmente fundido.

Hervimos los 75 gr de nata con la vainilla cortada longitudinalmente (opcional), vertiendo las semillas sobre la nata. Retiramos del fuego y dejamos templar. Cuando la nata haya templado la añadimos sobre el chocolate fundido, retirando la vaina de vainilla. Ojo, debemos verter los 75 gr de nata, por lo que para evitar que quede mucha en el cuenco es mejor calentar más y pesarla cuando se vierte. La nata debe estar todavía caliente para que funda el chocolate.
Añadimos la crema de castañas, la canela molida y una pizca de sal, mezclando hasta que esté totalmente incorporado. Esto con un batidor de varillas. También podemos añadir una pizca de pimentón picante, realzará el sabor del chocolate y le dará un aroma especial. En este caso dejémoslo con canela para no camuflar el sabor de la crema de castañas.

(2) La nata para montar debe estar bien fría, así como el recipiente. Montamos la nata (ojo, sin pasarse para que no se corte y no se formen grumos) añadiendo unos 25 gr. de azúcar justo antes de que quede totalmente montada. La nata para una mousse tiene un punto de montaje muy preciso, nunca excesivo. Este punto podemos realizarlo al principio para que la nata no esté demasiado fría cuando se añada a la ganache.
Si la ganache ya está a temperatura ambiente añadimos una cucharada de nata montada para rebajar la temperatura de la mezcla y disminuir la densidad. Añadimos la restante nata montada con ayuda de una espátula de silicona de modo cuidadoso y envolvente, de abajo hacia a arriba y girando el recipiente a medida que realizamos la mezcla. Lo justo para que no baje y no tenga tiras visibles de nata.
También podemos añadirle unos finos trocitos de marron glacé.

(3) Depositamos el interior del molde desmoldable con la placa de bizcocho de almendra remojada en sirope. Sobre él una fina capa crema de marron glacé (opcional) y vertemos de inmediato la mousse de chocolate y crema de castañas.
Llevamos la tarta al congelador unas 3 horas o al frigorífico para que gane consistencia. En este último caso durante un mínimo de 6-8 horas. Lo mejor es congelar la tarta.
Procedemos a preparar el glaseado cuando la tarta haya ganado consistencia, por lo menos un día antes de consumir la tarta.

Cobertura de chocolate blanco y anís estrellado

Con la proporción para 200 gr. de chocolate blanco es más que suficiente. Pongo entre corchetes la cantidad necesaria si usamos 300 gr. de chocolate blanco. Me ha sobrado.
Es muy recomendable que el chocolate sea de cobertura, en caso de no usarlo probablemente habría que usar algo más y fundirlo de otro modo, con la leche caliente.

Tarta de chocolate y crema de castañas
  • 200 gr de chocolate blanco de cobertura [310 gr.] [*]
  • 67 gr. de leche entera [100 gr.]
  • 20 gr. de nata líquida [30 gr.]
  • 33 gr. de glucosa líquida [50 gr.]
  • 1,3 (1+1/3) hojas de gelatina (algo menos de 2,6 gr.) [2 hojas]
  • 1 o 2 estrellas de anís estrellado (o una pizca de matalahúva)

(1) Hervimos la cantidad suficiente de leche (más de 100 gr., para poder tener los 100 gr. (o 67, según proporción empleada) con uno o dos estrellas de anís estrellado y, opcionalmente, un pequeña pieza de canela en rama. Una vez haya hervido, retinamos la leche del fuego y dejamos que infusione durante unos minutos (o todo la noche si queremos darle un sabor más intenso).
Hidratamos las hojas de gelatina en agua fría durante unos minutos.
Si usamos chocolate blanco de cobertura (postres), lo fundimos en un cuenco al baño María o a fuego muy bajo, al 1, durante unos minutos. Estará cuando al remover el chocolate con una espátula éste empiece fundirse.

(2) Calentamos 100 gr. (o 67 gr, según proporción usada) de leche aromatizada junto con la nata y la glucosa líquida (podríamos usar miel suave o prescindir de ella, empleado algo de azúcar), sin que llegue a hervir del todo (unos 90º C como mucho). Añadimos a la leche la gelatina hidratada pero secada con un paño, fundiéndola removiendo cuidadosamente.
Añadimos la mezcla de leche sobre el chocolate blanco fundido, poco a poco y sin dejar de remover suavemente con una espátula de silicona en movimientos circulares. Si el chocolate no es de cobertura, éste puede estar sólo troceado, el calor será suficiente para derretirlo. Es importante no batir la cobertura para que no coja burbujas de aire.

(3) Removemos suavemente con una espátula de silicona para que vaya enfriando de modo homogéneo, incluso podemos introducir el cazo en un baño de agua fría.
Cuando la cobertura tenga la densidad adecuada, hecho que se produce cuando alcanza los 28-35 ºC, como mucho, retiramos la tarta del congelador, la desmoldamos, la depositamos sobre una rejilla para repartir y recuperar la cobertura y vertemos la cobertura sobre la tarta, suavemente y desde el centro. Giramos la tarta para que se reparta de modo homogéneo por toda la superficie.
Llevamos la tarta al frigorífico y esperamos a que tenga la densidad deseada. Por lo menos unas cuantas horas o, como mínimo, de un día para otro. Con el tiempo, y dentro de un margen respetable, la tarta ganará sabor y textura.

Visita la entrada original en pepinho.com

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Flan de café con corazón de bizcocho

Delicioso flan de café con un interior de bizcocho de chocolate que combinan perfectamente.

Un molde de Silikomart que aunque es típico para hacer mini pandoros, se le puede dar otra utilidad.

FLAN DE CAFÉ CON CORAZÓN DE BIZCOCHO

Ingredientes:

Bizcocho de chocolate:

200g de harina
100g de cacao en polvo
200ml de nata
150gr de azúcar
60g de mantequilla
2 huevos
1 sobre de levadura
Flan de

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Tarta de fresas y chocolate blanco

Handy MannyFraisiermousse¿Por dónde empezar? Empezar es casi siempre lo más difícil.“Era una hermosa mañana de invierno, a un paso de la primavera, cuando los primeros brotes emergen tras la poda y las flores de los chuchameles y mimosas tiñen de amarillo el paisaje que ve desde su ventana”. ¡Un horror! Empezamos. “Era una fría y luminosa mañana de invierno. La primavera llamaba a la puerta con

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Bizcocho jugoso de coco y cítricos

Bizcocho jugoso de coco y cítricosVolcado de memoria

… Tres veces bueno
Es una obsesión muy común entre los reposteros más famosos y renombrados la búsqueda de nuevos sabores, contrastes y gustos exóticos, olvidando muchas veces, desde mi humilde y desconocedor punto de vista, la riqueza de los sabores sencillos, los platos fáciles y los gustos de siempre. Recuerdo aquellos grandes cocineros que en una entrevista respondían a la pregunta de cuál era su plato favorito con respuestas como: tortilla, huevos con chorizo,… aunque también los había sibaritas “mágicas”.

El coco no siempre ha sido santo de mi devoción, no recuerdo exactamente cuándo empezó a gustarme y cuándo a entusiasmarme. Quizás hace poco tiempo, es un producto que identifico con María, hace ya unos 12 años. Cuando era pequeño, los pasteles de coco no los tomaba nadie, si tal, mi padre, al que le gustaban los sabores más exóticos como el café ;-) y sus variantes o los pasteles poco húmedos.

Bizcocho jugoso de coco y cítricosHace ya bastante tiempo que preparo este postre, sobre todo esos días en los que tienes prisa y muchas ganas de dulce. Es muy sencillo y rico, siempre que te guste el coco, claro. No es normal en mí repetir un postre más de una vez cada dos años, eso dice mucho de cuánto me gusta y lo cómodo que me resulta realizarlo, tal vez lo haya hecho unas 3 veces durante los últimos doce meses. Lo he hecho jugoso, casi crudo; en moldes rectangulares y circulares; por la noche o por el día; con azúcar glasé y con coco rallado como cobertura; mojado en un jarabe… y todas las veces me ha gustado. Si tuviese que decidirme lo haría por un molde rectangular, más bien alto y con poco tiempo de horno, crudito, que aunque la apariencia externa no será tan buena, su sabor sí lo es.

Bizcocho jugoso de coco y cítricosMemory Dump
En informática, cuando se produce un error del un sistema suele dar lugar a lo que se denomina un “volcado de memoria”, también llamado memory dump o core dump, en el que el propio Sistema Informático para salvaguardar sus datos volátiles, aquellos que no han sido guardados en ningún soporte permanente, vuelca en disco o en pantalla aquellos datos que tenía la memoria en el momento de producirse el error y que de otro modo sería imposible recuperar.

Si en estos momentos tuviese que hacer un volcado de memoria necesitaría más espacio que el que un blog pueda darme. Sólo he hecho una pequeña prueba mental y he generado una secuencia encadenada y casi interminable de recuerdos. En parte, este diario es una especie de Memory Dump, un sistema perdurable que salvaguardará mis datos cuando mi memoria pierda aquello que ahora la mantiene viva, la energía y esa garantía de por vida con la que me facturaron en el momento de mi nacimiento. “Garantía de por vida” no es demasiado optimista, si un producto me lo ofrecen con “garantía de por vida” me pregunto ¿qué vida? Espero que no sea la de los civiles afganos que la Otan se ha encargado de robar con los llamados “daños colaterales”. Y todavía tienen el descaro de pedir perdón.

Bizcocho jugoso de coco y cítricosNo sucede que se haya producido un error en mi Sistema Operativo y se haya generado algún volcado de memoria, no que yo sepa conscientemente. Es la aproximación del día D, ése del que Groucho dijo a un amigo: “como sigas cumpliendo años acabarás muriéndote”, lo que ha hecho funcionar el proceso de volcado automático de memoria. ¡Y cuánta razón tenía el señor Groucho! Hoy prefiero esperar, no me importa acabar muriendo y seguir cumpliendo algún año más, ahora tengo una razón para hacerlo.

Algo que se vuelve cada vez más difícil preguntar es eso de ¿cuántos? En mí es de difícil respuesta, lo que me pasa es que tengo que hacer cálculos, arriesgándome a adivinar correctamente el día en el que vivo o el de mi nacimiento. Miro el reloj, esperando que siga en hora y no se haya parado. De momento estoy seguro que sigo con un tres delante, que ya es algo.
Lo mejor de cumplir años son los recuerdos, que para los de mi generación están llenos de vivencias que han marcado nuestra personalidad, como aquel emotivo anuncio de Coca Cola. Hemos pasado por todo y por nada. Por levantar las mesas antes de salir de clase en fila de a uno, ver una foto de SS MM y un crucifijo sobre la cabeza del profesor o tomar polvos de tiza para subir la temperatura a niveles febriles y burlar las clases. Nunca lo he probado, pero conozco a alguien que sí lo ha hecho.

Me encanta recordar, porque gracias a esa mente selectiva que poseemos y a esa bondad inherente al ser humano, recordamos todo lo bueno con una sonrisa en la boca y una lágrima de emoción en la mejilla. Con esto no quiero decir que no tenga malos recuerdos, sólo que son tan vagos que los veo con cierta ironía y sin ninguna importancia.
Si pudiese organizar esos recuerdos que me traen felicidad y emoción, empezaría por una simple bicicleta, que nunca tuve en posesión pero de la que pude disfrutar gracias a la que sí tenía mi hermano. Aprendí a andar en la de un amigo, bien lo recuerdo. BH, como no, pero podría haber sido una G.A.C. Hoy en día no tiene demasiado sentido reparar (las bicicletas) como se hacía antes, ahora es más económico comprarse algo nuevo que acudir a un servicio técnico a reparar un aparato y que nos den el timo de nuestra vida. Las bicicletas se pasaban media vida en el taller: recambio de las zapatas de los frenos, pinchazos, asientos y recambios de todo tipo. Con aquélla acabamos frenando dejando el pie y parte del calzado en la banda de la rueda trasera.

Bizcocho jugoso de coco y cítricosSoy lo suficientemente mayor y joven como para que mi primer y principal mito televisivo hubiese sido Mazinger Z, “planeador abajo, ajo, ajo, ajo….”. “El terror, la maldad, Koji puede dominar….” Fueron los primeros y, por ello, uno de los que mayor impronta dejaron en mi memoria. Me di cuenta que me estaba haciendo mayor cuando descubrí que mis alumnos (mayores de 20 años) no conocían a Mazinger Z. Algo se había desfasado, ellos o yo.
Mis preferidos eran: “Érase una vez el hombre”, “Jackie y Nuca“…

La memoria es tan vasta y caótica que podría aburriros con una retahíla de datos y nombres, pero como se trata de recordar…: todos los libros del colegio y el placer de forrarlos al principio del curso; los paracaidistas a los que les poníamos una piedra como lastre, los petardos de 5 pesetas, los que explotaban al tirarlos contra el suelo, los Juegos Reunidos Geyper, el Exin Castillos (siempre lo he querido tener), el CinExin, las canicas, la peonza (trompo), el balón de fútbol Mikasa ; las bolsas de agua caliente, el bacín debajo de la cama de mi abuela, las sábanas mojadas, los rezos arrodillado al pie de la cama y las cuatro esquinitas que tiene mi cama…; el “buenas noches si Dios quiere hasta mañana…”; el cuaderno Rubio, la tabla de multiplicar, el Catecismo Escolar, las sillas sobre el pupitre, el crucifijo y los rezos al entrar a clase; la colección de envoltorios de Sugus, la paga de los domingos (1, 5, 25 y 100 pesetas), la ropa de los domingos, la colección de envoltorios plásticos de tabaco; los viajantes, los vendedores de Enciclopedias, el “Avon llama a tu puerta”, los hippies en una Wolsvagen, los Testigos de Jehová y los Hare Krishna; la ducha una vez por semana, la bastilla “para as medras”, la ropa de tu hermano mayor que sería tuya, las visitas de la modista una vez cada cierto tiempo para hacer arreglos, las coderas y rodilleras; las becas; las familias numerosas; el practicante y las jeringuillas de cristal esterilizadas en un cazo con agua caliente; los botijos y las visitas a la fuente para traer agua sana para beber; la vida en la calle y los padres despreocupados, la zapatilla de mamá y el cinturón de papá, las carreteras sinuosas y las paradas por el mareo; el “Un, dos, tres” y sus azafatas, V; la segunda cadena y la carta de ajuste, la UHF, “Mis terrores favoritos”, los apagones de luz, las velas del Día de Todos los Santos; Naranjito, los Kalkitos, los lápices del número 2, los bolígrafos de 6 colores, los rotuladores Carioca, el ciervo de Alpine; el “Dos caballos”, un conductor con barba, la pintura en espray y los indicadores corregidos con ella; la palabra footing, Eva Nasarre, los calentadores, las hombreras y las cintas del pelo para correr; los chinos de la suerte y los pantalones de pierna recortada (como para ir “ás ameixas”); la movida y la música de los 80, el Superpop, Toccata, Gomaespuma y polvo de estrellas con Carlos Pumares; Boiro en festas, Bocacho con bolera y las gramola, la fiebre de los maratones populares, las verbenas de los sábados, la romería del Centro Cultural, la piñata y el concurso de comer chocolate con churros; el secuestro de Quini, Butragueño, la moviola, los dos rombos y las televisiones de B/N que se arreglaban a golpes; Barrio Sésamo, Espinete, D’artacán o el osito Misha; Sebastian Coe, Steve Cram, el rodillo ventral, los tiros desde la personal por debajo de la cintura, las zapatillas John Smith (se encendían cerillas con la goma del talón), las J’hayber y los Paredes, Don Diablo y la Orquesta Mondragón, Álvaro Pino; la barbería y la peluquería de señoras, los peinados “a la taza”, el punk; las cartas de formar parejas (mi preferida era la de los esquimales), hula hoop, el yo-yo, los balones medicinales, el chándal azul marino con franjas blancas; las salas X y las estrellas que cubrían los carteles, los cines del pueblo, la zona de butacas y el palco, el acomodador, el cine Fraga, el Colon, el Avenida, el Capitol; “pretecnológicas”, EATP; Amstrad, Sinclair ZX Spectrum, los discos flexibles de 5 ¼, el Commodore, el juego de la pelota que rebota; el Betamax, los videoclubes de Beta y/o VHS, la doble pletina, el LP, el single, la cara B del single, el maxi single; el Walkman, la litrona, …

Bizcocho jugoso de coco y cítricos(…) Lo peor que le puede pasar a un insomne es acostarse enfadado. Es horroroso pasar la noche con esa sensación de desazón y culpabilidad por no haber cedido y puesto algo de tu parte para haber arreglado las cosas. Como un masoquista del sentimiento, el sufrimiento insoportable y el malestar es algo de lo que no te puedes desprender con facilidad. Mañana se arreglará todo, pero ya no será igual, el mal ya estará hecho y hay heridas que dejan cicatriz. Se ha enfadado por una absoluta estupidez, pero mayor estúpido he sido yo por enfadarme por un enfado de lo más ridículo.

Bizcocho de coco y cítricos

  • 100 gr. de mantequilla.
  • 160 gr. de azúcar.
  • 2 huevos bien grandes (120 gr.)
  • 35 ml. de ron, mejor añejo.
  • 140 gr. de harina, mejor de repostería.
  • 4 gr. de levadura química (Royal, impulsor,…)
  • 50 gr. de maicena.
  • Dos pizcas de sal.
  • 80 gr. de coco rallado.
  • 70 gr. de nata 33% M.G.
  • 60 ml. de zumo de naranja (puede sustituirse parte por concentrado de naranja)
  • 30 ml. de zumo de limón (puede sustituirse en su totalidad por concentrado de limón)
  • Ralladura de una naranja.
  • Ralladura de un limón.

(1) Precalentamos el horno a unos 160º C si usamos con ventilación o unos 180º C con calor por arriba y abajo. Retiramos con antelación la mantequilla del frigorífico para que se pueda montar con facilidad. Con un batidor eléctrico de varillas emulsionamos la mantequilla con el azúcar. Sin dejar de batir, añadimos los huevos uno a uno y el ron. Montamos bien con un batidor eléctrico hasta que quede bien montada la mezcla.
Mezclamos la harina con la sal, la levadura química y la maicena. Añadimos sobre la emulsión anterior. Incorporamos el coco rallado y la nata. Por último, añadimos las ralladuras y los zumos. Si queremos más sabor podemos añadir concentrado de naranja y limón (menos es más).

(2) Engrasamos y enharinamos un molde de unos 20×20 cm2 (he recubierto el molde con papel de hornear, es alto), rellenamos con la mezcla, golpeándolo ligeramente para alisar la superficie. Introducimos en el horno precalentado a unos 160º C si usamos con ventilación o unos 180º C con calor por arriba y abajo. Esta vez lo he puesto con el horno ventilado a unos 160º C durante algo menos de media hora, unos 25 minutos o poco más. Estará cuando al pinchar en el centro con un cuchillo o palillo salga limpio. También está muy rico si lo retiramos ligeramente crudito, en mi caso, justo a los 25 minutos.
Retiramos del horno para que no siga cociéndose y dejamos enfriar sobre una rejilla o depositando el molde en un baño de agua fría.
Espolvoreamos con azúcar polvo. Muy fácil y mucho más rico. Suelo repetirlo con relativa frecuencia.

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Borracho de naranja al Gran Marnier

Borracho de naranja al Gran MarnierBorracho de naranja al Gran MarnierLa edad de la inocencia

Ebrio
¡Tan fáciles! ¡Tan ricos! Tan-tan…
“Confróntese”, así decía mi profesor de Lengua Española, El amo del calabozo, le llamábamos. Buena gente, no sé qué habrá sido de él. Creo que hace años que se jubiló.
Cfr. María, o le han encantado o me ha mentido, o las dos cosas a la vez.

Borracho de naranja al Gran MarnierEstos pasteles son muy fáciles de preparar, únicamente necesitaremos unos moldes para magdalenas clásicas u otro tipo de recipientes pequeños, tanto de metal como de silicona. Prefiero los primeros, por mucho que digan, las masas fermentadas crecen más lentamente en contacto con la silicona que con el metal, es sólo una sencilla cuestión la temperatura.

En repostería me gusta mucho la naranja y todo lo que de ella se deriva/procede. Esto es, la naranja confitada para mezclar con chocolate, la ralladura de naranja para unas magdalenas o el Grand Marnier para aromatizar un jarabe y mojar un bizcocho. Si no se tiene Grand Marnier o se considera un gasto excesivo para el uso que se le pueda dar, sustitúyase por Cointreau o ron añejo. Los tradicionales pasteles “borrachos” se hacen con ron.

Aunque lleva levadura fresca es una masa muy suelta que no se mezcla a mano, por lo que también es “apta” (y recomendable) para aquellos que huyen de las masas fermentadas. Para terminar con esta brevísima introducción, sólo decir que estos pasteles se conservan en perfecto estado varios días, mojados y tiernos.

Borracho de naranja al Gran MarnierCo-cine
El estreno de la película-ficción sobre Julia Child, Julie & Julia, me ha hecho recordar una serie de películas sobre gastronomía, restauración u otras que giran indirectamente en torno al mundo de la cocina. No es ninguna lista top-nada, ni un ranking de mis películas preferidas de temática gastronómica, es, simplemente, un amasijo de recuerdos sin orden ni concierto. Empiezo, podría ser entretenido.

  • Ratatouille (2007). Una joya (y un avatar que me hace sentir bien).
  • El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989). Cocina de vanguardia ;-)
  • Chocolat (2000). Antidepresivo, antidepresiva.
  • Willy Wonka y la fábrica de chocolate (Un mundo de fantasía) (1971). Chocolate con leche.
  • Charlie y la fábrica de chocolate (2005). Chocolate negro.
  • Tomates verdes fritos (1991) .TOWANDA! (Adoro esa palabra)
  • Como agua para chocolate (1992). El amor a través de la comida.
  • Comer, beber, amar (1994). De menor a mayor.
  • Frankie y Johnny (1991). Comida rápida.
  • ¿Qué se está cociendo? (2000). “Quiero ser como Mercedes Ruehl”
  • American Cuisine (1998). Érase una vez un inglés, un francés y un gallego…
  • El festín de Babette (1997). J. L. Garci no sabía que era tan buena.
  • Deliciosa Martha (2001). Delicioso amarte. La buena cocina alemana.
  • El hijo de la novia (2001). Un tiramisú sin mascarpone no es tiramisú.
  • Retrato de April (2003). La familia bien, gracias. Patricia Clarkson, mejor, quiero ser como ella cuando sea sólo un poco (más) mayor.
  • Mystic Pizza (1988). Sólo la curiosidad de ver a la Roberts cuando todavía tenía cara de pizza.
  • La cena de los idiotas (1998). Cambiando los papeles. Olympique!!!
  • Celebración (1998). Confesiones en la mesa.
  • Entre copas (2004). Si admitimos “vino” como animal de compañía…
  • El pollo, el pez y el cangrejo real (2008). Entrenándose para las Olimpiadas.
  • Delicatessen (1991). El título no es lo que parece. 13, Rue del Percebe.
  • Super Size Me (2004). Triqui deja las galletas y se pasa a la comida basura.
  • Julie & Julia (2009). A ver…

Borracho de naranja al Gran Marnier”Pepe y María se aman”
Este sábado hemos ido a casa de mis padres. (…) Han hecho una de esas obras en las que se suele contratar a Pepe Gotera y Otilio, aunque creo que éstos eran bastante más mañosos y han dejado la obra decente. Para ello se han visto obligados a desmontar la estantería que estaba en las escaleras que llevan al garaje. La estantería, situada sobre la puerta de bajada, estaba polvorienta y enmohecida por la falta de uso, pues hacía muchísimo tiempo que nadie se había acercado a ninguno de los objetos, básicamente libros, que allí se guardaban. Allí estaban, entre muchos otros recuerdos, mis libros y libretas de la EGB. Emocionante, no necesitaba ninguna grabación de Super8 del estilo de las que tiene María, para mí, abrir uno de esos libros era ver mi infancia en alta definición, con sonido digital y envolvente. Envolviendo las emociones de la más sincera y pura de las sensaciones: la infancia.

No tuve mucho tiempo para hojearlo, sólo el justo para abrir uno de 5º de EGB (ni he llegado a fijarme en la asignatura, creo que matemáticas, mis preferidas), ver en la primera página mi nombre y apellidos escritos con BIC cristal y, justo a media página, un corazón escrito con la misma tinta que decía e: “Pepe y María” (¿María y Pepe?). Debajo, escrito con pintura verde: “se quieren” (¿se aman?). No podría certificar que yo hubiese escrito esta segunda frase pero me da igual. No es la María con la que ahora comparto mi vida, esa es otra historia, fue uno de esos ¿amores? platónicos de la infancia. Sólo compartimos un año, se sentaba justo detrás de mí. La recuerdo dulce, educada y frágil, pero decidida; yo rebelde, muy tímido e inquieto. Era dispuesta, si lo pienso, hasta poseía el mismo tipo de disposición que tiene (mi) María, de esas personas que nunca se paran ante nada y nunca se callan. Se fue y nunca volvió, pero todavía recuerdo sus apellidos como si los hubiese leído ahora mismo. Lo más curioso es que nunca llegué a darle la más mínima muestra del cariño que por ella profesaba. Dudo que se hubiese interesado lo más mínimo por alguien como yo. Era el simple hecho de “estar”, eso era “querer”, sentirse bien y formar una amistad.
Tiene gracia que alguien tan olvidadizo como yo, que no recuerdo casi ningún nombre de los que me acompañaban en el trabajo hace pocos años, tenga memoria para pensamientos tan lejanos en el tiempo. Como si durante esos pocos años de mi vida los hechos y circunstancias que me acontecieron fuesen los únicos realmente importantes hasta la fecha y en lo que resta de mi vida. Ahora ya poco importa, todo se hace inconscientemente y de modo rutinario, antes cada momento estaba lleno de vida.

Borracho de naranja al Gran MarnierEntonces los niños y niñas escribían mensajes de amor y dibujaban corazones en vallas y tapias o en el tronco de un árbol. Me viene a la memoria un árbol al que llamábamos “el árbol de las letras”. En él multitud de chicos y (menos) chicas habían dejado sus mensajes de amor, mensajes que parecían no borrarse con el paso del tiempo. Cuando volvías, allí seguían escritas a fuego en la corteza maltrecha por los navajazos. El roble era eterno. Leer los mensajes era como hacerlo en un diario secreto, porque muchos se ocultaban en las ramas de más difícil acceso.
No estoy seguro del todo, pero creo recordar que el roble fue llevado por delante durante las obras de una nueva carretera, esas que nunca se saben a dónde llegan y de dónde vienen.

Los niños de hoy en día ya no dejan mensajes ni dibujan corazones en paredes, les parecerá absurdo y pueril. Como mucho, estos niños se envían algún SMS diciendo: “t kiero” o se escriben en el Messenger: “me gusta cómo chateas, nos vemos en tuenti”.

Borracho de naranja al Gran MarnierBizcochitos para emborrachar

  • 150 gr. de harina de fuerza (de pan, o casi).
  • 7 gr. de levadura fresca de panadería.
  • ½ cucharilla de té de sal, o algo menos (~3 gr).
  • 50 gr. de mantequilla.
  • 8 gr. de miel (endulza y favorece conservación)
  • 10 gr. de azúcar (el gran dulzor se lo dará el jarabe)
  • Ralladura de naranja.
  • 3 huevos grandes (exactamente, 180 gr.)

Jarabe para emborrachar
Sobrará, con la proporción de 400 ml. puede ser más que suficiente.

  • 500 gr. de agua.
  • 250 gr. de azúcar.
  • 1 vaina de vainilla cortada longitudinalmente (opcional).
  • Ralladura de una naranja grande.
  • Un poco de ralladura de limón.
  • Un chorrito generoso de Grand Marnier, Cointreau o ron, un clásico entre los borrachos.

(1) Desmenuzamos la levadura sobre la harina. Con una cuchara de madera mezclamos la harina con la mantequilla, la sal, el azúcar, la miel y la ralladura de naranja. Amasamos un poco hasta que se haya formado una especie de pasta. No pasa nada si no queda del todo homogénea o parezca pan rallado, al añadirle los huevos lo batiremos bien hasta que se disuelva.
Añadimos los huevos uno a uno, amasando (casi batiendo) hasta que quede (bien) homogénea y no tenga grumos. Es una masa a medio camino entre la masa de un brioche y unas madalenas, sin ser tan suelta. Dejamos reposar mientras preparamos los moldes.

(2) Engrasamos y enharinamos moldes pequeños para muffins, retirando el exceso de harina. Si tenemos moldes más pequeños (especiales para este tipo de pasteles) todavía mejor. Yo uso los moldes de silicona o una bandeja de magdalenas (clásicas). Rellenamos los moldes hasta la mitad (aprox.) y los dejamos fermentar hasta que doblen su volumen, esto es, llegar al borde (casi). Yo lo fermento en el horno a 30º C durante algo más de media hora.

(3) Pasado el tiempo precalentamos el horno a 200º C. Una vez caliente introducimos los pasteles y los horneamos hasta que tengan un color tostado. El tiempo depende mucho del tamaño exacto de los moldes.
Dejamos templar mientras preparamos el jarabe.
Para preparar el jarabe mezclamos todos los ingredientes en un cazo y ponemos al “fuego” hasta que hierva. Como licor podemos usar el que más nos guste, el ron le queda muy bien. Cuando haya hervido lo retiramos del calor y dejamos que infusione.
Tomamos los pasteles y con ayuda de una espátula (para no pringarnos las manos) los empapamos generosamente en el jarabe. He dicho empapar, sumergir, hundir, bañar, bucear,… para que el jarabe llegue al corazón del pastel. Lo giramos y lo ponemos a escurrir en una rejilla. Así hasta acabar los pasteles.
Están riquísimos. Además, si queremos controlar la dieta, podemos tomarnos sólo un par cada día, pues se conservan en perfecto estado.

Borracho de naranja al Gran Marnier
Borracho de naranja al Gran Marnier

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Bizcocho de calabaza y zanahoria

Bizcocho de calabaza y zanahoriaUn mundo ideal… con gotas de lluvia

En mis trece
… ¿ya es mañana? ¡Qué rápido pasa! “Ayer” decía que publicaría otra receta de calabaza (lo siento para aquellos a los que no le guste), sencillísima (lo que más pereza puede dar es preparar el puré de calabaza) y riquísima, por lo menos para mis gustos, que, como me gusta decir, “cada cual tiene los suyos”. Mirad, hasta estaba Teo conmigo mientras lo hacía.

Bizcocho de calabaza y zanahoria Estoy seguro, casi seguro (no se puede estar seguro de nada), que ya he hablado del tema de las cucharillas de té. Me gusta presentar las medidas por peso, incluso los huevos, pues la diferencia de usar dos huevos grandes a unos pequeños puede estar en unos 40 gr. (o más), y eso es mucho en repostería. Con las especias, sales, levaduras químicas,… hago una excepción. ¿Por qué?, porque en muchos casos estamos hablando de cantidades de 2-3 gr. y con la precisión de las balanzas de cocina (+- 1gr.) el margen de error es muy grande, próximo al 50%, que podría hacer que nos quedase un poco fuerte, salado o sin sustancia.
Como no todo el mundo puede tener una balanza de precisión, desde que he comprado las cucharillas medidoras (una cucharilla de té ~4,9 ml) las uso para intentar precisar algo más estas cantidades y no equivocarme la próxima vez que prepare un postre/plato. Las especias usadas en este bizcocho son la combinación que más me gusta combinar con la calabaza: canela, jengibre molido, una pizca de clavo y, si puede ser, un poco de pimienta de Jamaica. Por lo demás, cada cual puede escoger la mezcla que más le guste o traerse del extranjero las llamadas “especias de calabaza”.

¿Os gustan los bizcochos/pasteles de zanahoria? Pues a por ello, que con la calabaza todavía mejor (o casi). Por temas de tiempo no le he puesto ninguna cobertura, sólo algo de azúcar glasé. Si se tiene algo de tiempo puede ponerse una ligerísima capa de alguna de esas combinaciones que se emplean para las de zanahoria.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaLa verdad sobre perros y hombres
Cuando te suceden estas pequeñas injusticias, porque si las ves desde fuera pueden parecerlo, te planteas grandes dudas sobre la verdadera condición del ser humano y la sociedad tan irreal en la que vivimos. Lo peor que le pueden pasar a las injusticias del día a día es que nos acostumbremos a ellas y las tildemos de simples “daños colaterales”.

Debajo de la realidad que se nos muestra en los medios está la verdadera realidad, la de millones de personas que no tienen medios para sobrevivir o están bajo el sometimiento absoluto de un estado opresor. Eso no implica que mi indignación sea injustificada, más bien la realza, pues ningún estado de los que se llaman “democráticos” está libre de basura, sólo que no la hacen pública.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaNo hay día que no sienta vergüenza de ser hombre, consumidor y depredador. Me han dicho que no hay petróleo en Somalia, o si lo hay no hay posibilidad de echarle mano. También me han dicho que no hay mujeres en El Congo, o si las hay no valen nada. Me he enterado que no hay medicamentos, o si los hay son falsos y de multinacionales extranjeras que comercializan sin escrúpulos con la vida de millones de personas. Pero heme aquí, en mi burbuja de plástico, preocupándome por la memez de un estúpido agente de la inseguridad que ha hecho uso del abuso de poder bajo la ceguera de las autoridades que lo alientan.

Me pregunto qué podría esperarse de una democracia orgullosa de una falsa Transición, en la que los verdugos de la dictadura pasaron a formar parte del grueso político-democrático. Impensable, ¿qué pensaríais si Rudolf Hess hubiese formado parte activa de la política en la reconstrucción alemana? Sé que muchos de los que lean esto dirán que no son comparables, sí, los que no saben ni conocen el significado de la palabra “fusilar”. Se conjuga así: yo fusilo, tú fusilas, él fusila, nosotros fusilamos, vosotros fusiláis, ellos fusilan…
En España nunca se ha perdido del todo ese modo caciquesco de hacer política, incluso durante mucho tiempo se ha llegado a considerar algo relativamente “normal”. Mexan por nós e temos que dicir que chove.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaRaindrops keep falling on my head
Quién diga que en Galicia “no hace tan mal tiempo” es que no ha vivido aquí o en su vida no ha salido de Galicia. Cierto es que cuando llueve durante dos días seguidos solemos decir: “¡menuda semana!” o cuando llevamos cuatro o cinco días soportando la lluvia nos apresuramos a comentar: “¡menudo mes!”. También sucede que cuando hace mal tiempo en “España” a nosotros nos toca el anticiclón en pleno golfo de Vizcacha, hecho que por desgracia eso sucede muy pocas veces.

Pero no, aquí cuando llueve no para o, si lo hace, es sólo para que vayamos a comprar el pan. Cuando era más chico me daba igual, hasta me gustaba. Iba al cine, me quedaba en casa leyendo, dibujando o viendo una película. Todo me hechizaba, mirar caer las gotas de lluvia por los cristales, caminar bajo la lluvia, pasear por la playa con temporal… Ahora mucho ha cambiado, el ratito que puedo salir a correr resulta insoportable, calado hasta lo huesecillos del oído y con las manos tan tiesas que soy incapaz de subirme la cremallera. Por suerte, el pantalón de deporte no tiene cremallera… Con Teo la lluvia es todavía peor, él quiere salir a que le dé el aire, la casa se le queda pequeña.

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

Jueves, casi viernes. Rectifico, la lluvia en Santiago no está tan mal, hasta es hermosa. Hoy no he tenido más remido que salir a correr a las diez y media de la noche entre la lluvia, ahora orvallo. Al principio me pareció desagradable, pero en cuanto pasé por la zona vieja todo cambió. Nuestros antepasados eran lo suficientemente inteligentes y, sobre todo, poco avaros como para construir las casas con soportales, como Bolonia.

La lluvia era cada vez más menuda. El suelo de las calles, casi desiertas para ser jueves por la noche, reflejaba la luz de las farolas. Sólo en la Plaza de Platerías el equipo de rodaje de “The Way” iba y venía trayendo material al improvisado estudio de rodaje que habían montado en la Oficina del Peregrino. Al terminar, los taxis circulaban llevando a los miembros del rodaje.

Hace unos cinco años, no puedo precisarlo con exactitud (aunque tenga un recorte de periódico al que ahora mismo me da mucha pereza alcanzar), mientras paseaba solo por la Alameda una tarde de primavera, me encontré con Martin Sheen. No soy mitómano ni acostumbro a pedir autógrafos, pero estos encuentros casuales e inesperados me parecen emocionantes. Los de los aeropuertos son vergonzosamente distantes y pudorosos.
Lo abordé de inmediato, ésa es la palabra, “abordar”. Él miraba al cielo y al horizonte, recién había cruzado el paso de peatones que separa el casco antiguo del parque. Entonces sí que era mitómano “cinético”, en eterno movimiento del cine a casa. Martin Sheen, fue muy agradable y cordial aguantando a un pesado cómo yo. Empecé preguntándole por su origen gallego, que él reafirmó con cierto orgullo (mayor era el mío); después, como cualquier estúpido periodista de pocas luces, le comenté cuánto me gustaban “BadLands” o “Apocalypse Now”. Muy atento, se mostró receptivo y respondió a mis comentarios. Por entonces aún coleaba la guerra de Irak, me firmo un papel y al lado escribió: “Peace”, esto es, “Bush, deja de hacer guerras preventivas”.
En lo que a mí respecta, puedo asegurar que no fue un cumplido, “Malas tierras” y “Apocalypse Now” están entre mis películas preferidas. Curioseando en una mini biografía he podido leer esta frase suya: “I love being Spanish as much as I love being Irish, and I really love being Irish” (es hijo de padre de la zona de Santaigo y madre irlandesa). En su DNI todavía sigue figurando su nombre español: Ramón Estévez.

Otro encuentro de los llamados curiosos fue encontrarme con Santiago Segura en pleno Piccadilly Circus un fin de año. En otras circunstancias no lo hubiera parado, ésta, por curiosa, le hice una foto. Son muchos: un casi-accidente en una rotonda con/contra Luis Tosar, una grabación de un corto a 200 m. de mi casa con Óscar Jaenada, un James Brown en silla de ruedas, una Beyoncé (bajita, no me creo que mida 1,68) en Rockefeller Center…

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

Ayer jueves fue otro de esos días de lluvia por todos lados, de la que moja y empapa por fuera y por dentro. El miércoles me había acostado tarde, no recuerdo la hora exacta, y me levanté en cuanto Teo empezó a hacer los primeros ruidos de atención. Eran las 6:40 de la madrugada. Jugué con él mientras esperaba a que llegase el tiempo de su desayuno. Antes, una ducha rápida mientras Teo jugaba por el suelo del baño con un tubo de pasta de dientes y un cepillo.

A las siete y media le di el biberón y se despidió de María mientras Myr entraba por la puerta. Salí a trabajar a las ocho y cinco. Como todos los jueves, volví a la una, le calenté la comida que había preparado la noche anterior y salimos de inmediato a comprar pescado para preparar la comida a María. Como los jueves trabaja por la tarde, llega antes que normalmente, a eso de las tres menos cuarto. Había acabado de hacer la comida justo cuando María entraba por la puerta. Salí a correr poco más de una hora, el tiempo que ella estuvo en casa. Cuando volví Teo dormía la siesta y ella salió al trabajo. Me duche de nuevo y salí con Teo a pasear bajo la lluvia, aprovechando para hacer la compra. Fuimos a dejar y recoger unas fotos, entramos en la tienda de gominolas a comprar bolas de chicle y, como llovía, decidimos (decidí) entrar en algún local a pasar el rato mientras esperábamos. A las ocho de la tarde volvimos a casa, jugamos un ratito y le preparé el baño. Entonces llegó María para darle unos besos e irse a clases de aerobic. Lo bañé, le di la cena y lo acosté casi dormido. “Que descanses, dulces sueños”.

Cansado. Tenía que preparar las lentejas que me había pedido María (y le encantan) para el viernes. Cuando acabé sonó la llave de la puerta. Era M que volvía de clases. Yo también necesitaba algún tipo de vía de escape de la rutina, me apunté a clases de gaita, pero, como el primer día me adelantaron una hora el horario, ya no pude volver más. Tampoco importa tanto, hubiese preferido unas clases de piano… Cansado, salí a correr un poco entre el orvallo, eran las 10:30 de la noche. En las piedras mojadas se reflejaba la luz de las farolas. Volví a casa, me duché (otra vez), preparé unos apuntes y ejercicios y me acosté a las dos de la madrugada. Hoy toca más…

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

El domingo, hace más de una semana, salí a correr bajo la lluvia, como no. Me calé hasta los huesos, encerrado en el barro de una carretera cortada por las obras de un nuevo polígono. Malditos polígonos, sean regulares o irregulares. Como todos los domingos, de vuelta paré a comprar el pan en el OpenC, una baguete y una chapata. La barra que lleva aceitunas ya nos ha aburrido. Los dependientes que no me conocían me miraban un poco extrañados, viendo a un hombre empapado y algo embarrado entrando con prisas en el local. ¿Es que no hay vergüenza ni decoro hoy en día? ;-)

Por arte de magia, cuando iba a pagar ya estaba lo suficientemente seco como para acudir al rincón de los libros antes de ponerme a la cola. Sólo echarle un vistazo sin intención de comprar, un guarrón, eso, o cómo se llame al que se pone a leer libros y prensa sin comprar absolutamente nada. Yo no soy tan descarado, la prensa ni la toco. Ojeando un libro de cocina me sorprendió ver en el interior dos recetas que tenían una similitud exagerada con dos recetas que he publicado en el blog. Pensar que uno de los panaderos más prestigiosos del país y parte del extranjero había tenido una idea igual a la mía me causaba cierto orgullo pero, a la vez, cierto reparo por lo que podrían llegar a pensar. Por suerte, el libro había sido publicado en octubre y mi receta lo fue en septiembre. La única diferencia eran unos piñones que había puesto para decorar las espirales. Cuando por la tarde se lo enseñé a María se quedó muy sorprendida con los parecidos de las recetas. Coincidencias que demuestran que en cocina está casi todo hecho, publicado o no.

(…)

Este sábado seguía lloviendo. No es que me guste demasiado, pero pensamos que lo mejor (y lo único) que podíamos hacer para no mojarnos era ir a Área Central. Dimos unas vueltas y, como si siguiese con mi costumbre de ir un par de veces por semana al cine, le eché un vistazo a la cartelera. Me resultó curioso ver en la cartelera una bio-ficción de la celebérrima cocinera Julia Child con la cara de Meryl Streep. Habrá que verla antes de que salga en DVD… ¿será posible?

Bizcocho de calabaza y zanahoriaBizcocho de calabaza y zanahoria

  • 135 gr de harina de repostería.
  • 1 cucharilla de té de levadura química (Royal=impulsor)
  • ½ de cucharilla de té de bicarbonato sódico.
  • 2 pizcas de sal.
  • ½ de cucharilla de té de canela molida.
  • ¼ de cucharilla de té de jengibre en polvo.
  • 2 pizcas de clavo molido.
  • 1/8 de cucharilla de té de pimienta de Jamaica (opcional)
  • 105 gr. de azúcar.
  • 55 gr. de azúcar moreno.
  • 40 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 2 huevos no grandes (100 gr.)
  • 215 gr. de puré de calabaza.
  • 110 gr. de zanahoria rallada.

(1) Precalentamos el horno a 175º C y cubrimos un molde de 20×20 cm2 con papel de hornear para que no se pegue el bizcocho. Mezclamos la harina, la levadura, el gasificante (bicarbonato), la sal y las especias. Reservamos la mezcla.
En una olla o cuenco grande y con una cuchara de madera, batimos los azúcares con la mantequilla a temperatura ambiente hasta que quede totalmente incorporada, espumosa y sin grumos. Añadimos los huevos, batimos, y el puré junto con la zanahoria rallada. Batimos bien, hasta formar una masa aireada y sin grumos. Por último, añadimos la mezcla de harina, mezclando bien.

(2) Rellenamos el molde con la masa e introducimos el horno a 175º C durante unos 24-32 minutos, hasta que al pinchar con un palillo en el centro del bizcocho salga limpio. Dejamos enfriar antes de cortar. Podemos espolvorearla con un poco de azúcar glacé.
Aguanta muy bien varios días. A mí me gusta reservarlos en el frigorífico.

Link original:Bizcocho de calabaza y zanahoria

Tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámico

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámicoPor algo se empieza

¡Qué pasa tronco!
tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámicoÉste es un tronco de chocolate elaborado al modo tradicional, un bizcocho enrollado de chocolate con relleno y cobertura de ganache, pero aportando un par de ingredientes diferenciadores que le dan, para mi gusto, un toque especial: frambuesa y una reducción de vinagre balsámico. Con frambuesa y chocolate ya he hecho muchos postres, mientras que el vinagre balsámico lo he combinado en una ocasión con mermelada de naranja y chocolate para rellenar unos macarons.

El vinagre balsámico (de Módena) es mucho más suave que el tradicional, más aromático y elaborado con una uva dulce. Por ello, es ideal para realzar el sabor de mucho tipo de frutas, principalmente rojas (frambuesa,…). Es como añadirle unos gratitos de sal o un poco de ralladura de algún cítrico al chocolate, un pequeño contraste de sabores que realza el sabor predominante (¿qué es entonces una vinagreta?). En vez de añadirlo en crudo he preparado una reducción de vinagre balsámico, concentrando el sabor y caramelizándolo (más). Si fuese para preparar una salsa de acompañamiento puede añadirse un poco de azúcar. Ojo, dado el alto porcentaje de azúcares que posee, hay que tener mucho cuidado, pues se quema con relativa facilidad si lo reducimos a fuego fuerte.

ronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámicoSi no somos demasiado atrevidos o queremos ir sobre seguro, sustitúyase la reducción de vinagre por un poco de nata líquida y/o modifíquese la cantidad de mermelada de frambuesa según nuestros gustos.
Como cobertura doy dos opciones, la tradicional con ganache o un glaseado ligero y brillante que ya he preparado para “napar” algunas tartas.

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámicoE coma sempre, o de sempre…
Por mi cabeza revoloteaban un sinfín de MEMECES que acabarían plasmándose aquí. Que si la vida es una mierda, que si pocas cosas valen la pena, que si estoy cansado de tanta hipocresía,… ¡Pero qué voluble soy! Unas palabras agradables, unos comentarios de [email protected] [email protected] y ya estoy en las nubes, hasta que quién yo me sé me baje de ella con cualquier gilipollez.
Y mañana vuelta a empezar, a tener que acostar tres veces a Teo y decidir entre tres opciones: qué deseo hacer, qué debo hacer (¿?) y qué quiere(n) que haga. Intentaré lo tercero por segunda y última vez. Como hoy ha sido un fracaso absoluto, si no puedo, “paso”, y haré las cosas a mí manera: entre unos pequeños quejidos unos cuantos carros de mimos. Como ha dicho luz: “un brindis por la Vida”, ¡qué carallo! (añado yo).

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámico(…)

Si ya lo decía yo, cuando las cosas parece que pueden ir bien, no te preocupes, empeorarán. Ni bien ni mal, más bien todo lo contrario. La vuelta al trabajo de María implica que tenga que correr a las tantas y sin haber comido, arrastrándome por el asfalto y agotado de tanto paseo por el reducido espacio que separa el supermercado de casa.
¡Si es que tengo que acostarme más temprano!, no hay quién aguante tantas horas seguidas sin sentarse.

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámico
La cura
Amsterdamjueves, 16 de julio del 2009. 10:25. Empezamos la bajada para el aterrizaje en Madrid. Teo sigue durmiendo, se ha quedado dormido con ayuda de un biberón nada más despegar.
No necesitábamos madrugar, aún así, no he dormido casi nada…
Puerta 83. Cierro la mesa, que quedan pocos minutos para el aterrizaje.

viernes, 17 de julio del 2009. Hemos hecho muchos vuelos desde que estamos juntos y, curiosidades de la vida, las maletas se les extraviaban a otros. Esta vez nos ha tocado a nosotros y, cómo no, se había quedado en Madrid, el mayor punto de caos del universo aéreo. Lo más preocupante es la incertidumbre de saber si Teo tendría suficiente comida y que la que había quedado en la maleta se pudiese deteriorar.
Ya está aquí, pero hemos tenido que comprar provisiones para Teo: ropa, pañales y comida, que no le ha gustado lo más mínimo. Sólo la que le hace papá.

En el aeropuerto de Ámsterdam Teo se ha quedado fascinado, hipnotizado por la luces y el ir y venir de la multitud. Sonreía a todo aquel que le hiciese el mínimo gesto de cariño, como Cocodrilo Dandee en NY.
Ya en A. han sido las palomas las que llamaban su atención, gesticulaba con los brazos, moviéndolos apresuradamente de arriba hacia abajo…

sábado, 18 de julio del 2009. “Pero, ¿por qué demonios ha venido a Ámsterdam?” “Mi salud. Vine a Ámsterdam a tomar las aguas” “¿Qué aguas? ¿Qué aguas? ¿Las del canal?” “Bueno, me habrán informado mal”.

domingo, 19 de julio del 2009. El queso Edam.
Durante las vacaciones es muy común que surjan momentos de crisis en las relaciones de pareja. Pasar de estar juntos (soportarse juntos) durante veinticuatro horas al día es más de lo que muchos pueden soportar… salvo que uno sea “sujeto paciente”. Edam, hemos presenciado una escena en la que nosotros podíamos haber sido los protagonistas.
El día está lleno de pequeñas decisiones, a veces enfrentadas, que pueden llegar incluso al cansancio. En mi caso yo voy directo: “¿qué quieres hacer?”, y se hace. Lo que ya me destroza y se escapa de mi ámbito de influencia son las malas respuestas y las vejaciones, algunas llegando al desprecio.
“Algún día se va a acabar…” ¿seguro?

Edam
Edam(…)

Ya en el hotel, por la noche, te preguntas qué has hecho mal, por qué tienes que ser siempre el que tiene que dar la cara en los malos momentos y replegarte para dar paso cuando llega el momento de los halagos. Esa es mi fuerza y mi debilidad, ceder e intentar demostrar (un dolor) que parezco estar por encima del bien y del mal. ¿Para qué? Para al final sólo ser un comodín del que hacer uso cuando sea necesario.
Si he elegido la mejor opción es un hemos, si nos hemos equivocado es un te has.

AmsterdamAntes de salir de viaje hice una brevísima incursión en un foro para contrastar información a cerca de visitas, ropa,… Una de las firmas de los participantes decía: “El nacionalismo se cura viajando”. No sé si el nacionalismo podría considerarse una enfermedad (sea del tipo que sea), pero sí lo es en muchos casos el llamado “patriotismo”, la segregación de los seres humanos en razas, tribus o sectores geográficos. Viajar es la mejor forma que conozco para descubrir que, en nuestra diversidad cultural, religiosa, racial, idiomática o ideológica, TODOS SOMOS IGUALES. Conservado la esencia que nos hace HUMANOS, lloramos, reímos, sentimos dolor o felicidad, y “empatizamos” ante una sonrisa de un bebé de seis meses.

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámicoEstoy cansado, no sólo físicamente, lo estoy por llevar una vida a la defensiva, buscando siempre las mejores palabras o aclarándome antes de dar mi opinión. No se puede pedir disculpas por el modo de pensar, y mucho menos antes de dar salida a alguna idea.
Yo nunca le he dicho cuánto debía comer, si debía vestir de algún modo especial o si el deporte debía formar parte de su vida. Por el contrario, yo me siento escrutado y obligado a comer más de lo que me apetece para poder complacerla o disminuir mi actividad porque me lleva a lo que ella llama “delgadez”. Concepto, como la obesidad, muy relativo y, sobre todo, sentimiento interiorizado y personal.

AmsterdamAmsterdam

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámicoBizcocho enrollado de chocolate

  • 25 gr. de harina.
  • 25 gr. de cacao puro en polvo.
  • Una pizca de sal.
  • 106 gr. de huevo (2 unidades)
  • 40 gr. de huevo (2 yemas)
  • 66 gr. de claras (2 claras no grandes)
  • 110 gr. de azúcar lustre (polvo) (80 gr. para montar las yemas + huevos y 30 gr. para montar las claras)

(1) Precalentamos el horno a 220º C y cubrimos un bandeja de horno con papel vegetal para hornear. Mezclamos la harina tamizada con el cacao en polvo y una pizca de sal (realza sabores). Reservamos, pues esta mezcla la añadiremos al final en forma de lluvia.
Con un batidor eléctrico de varillas, montamos las claras a punto de nieve con 30 gr. de azúcar polvo, que verteremos poco a poco cuando la claras estén a medio montar. Reservamos.

(2) En un cuenco grande u olla montamos las yemas con los huevos y 80 gr. de azúcar polvo, batiendo con un batidor eléctrico hasta que queden perfectamente montadas, muy pálidas, casi blancas y aireadas. Este montaje se hace más fácilmente al baño María, mas con paciencia tampoco es necesario.
Añadimos la claras montadas a los huevos/yemas montadas, al principio una pequeña cantidad y después el resto de modo cuidadoso y envolvente, partiendo del centro y de abajo hacia arriba. Por último, incorporamos la mezcla de harina en forma de lluvia y mezclando cuidadosamente, de modo envolvente, como anteriormente, con la misma espátula de plástico (o silicona).

(3) Extendemos la masa sobre la bandeja cubierta con papel de horno, alisando ligeramente la superficie. Horneamos a 220º C durante unos 6-10 minutos (depende del horno), hasta que parezca que empiece a tostarse por los bordes y, sobre todo, al pulsar con el dedo recupere su posición original. Retiramos del horno.
En vez de enrollar de inmediato para que no se rompa, he usado la estrategia (muy acertada) de cubrir el bizcocho con un paño húmedo nada más salir del horno. En realidad, en vez de un paño he usado otro papel de hornear impregnado de agua con un pincel. He cubierto el bizcocho con el papel hasta el momento de rellenar. Así ha sido muy sencillo envolverlo.
Si no lo vamos a usar de inmediato lo reservaremos cubierto de ese papel o paño en todo momento. Pasamos a preparar el relleno.

tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámico
Ganache de frambuesa con reducción de vinagre balsámico

  • 165 gr. de chocolate negro de cobertura (60-70% cacao).
  • 135 gr. de nata líquida al 33-35% MG.
  • 36 gr. de reducción de vinagre balsámico (de Módena) [*]
  • 65 gr. de mantequilla.
  • 230 gr. de mermelada de frambuesa colada y sin pepitas.

[*] Si no somos demasiado atrevidos y no queremos probar nuevos sabores, sustitúyase por una cantidad equivalente de nata.

(1) Preparamos la reducción de vinagre balsámico. Para ello vertemos algo más del doble de vinagre de Módena (~90 gr.) en un cuenco que pueda ir al fuego. Hervimos a fuego fuerte (podría hacerse a fuego bajo durante más tiempo) hasta que se haya reducido a la mitad, aproximadamente, teniendo una densidad media. Reservamos.
Ojo, hay que prestarle mucha atención, se quema con suma facilidad si nos pasamos de tiempo. En ese caso el efecto será contrario al pretendido.

Con un cuchillo de sierra fragmentamos el chocolate en pequeños trozos y los depositamos en un cuenco. Hervimos la nata, retiramos de la fuente de calor y añadimos la reducción de vinagre balsámico. Vertemos la mezcla sobre el chocolate, mezclando con movimientos circulares desde el centro hasta que esté totalmente lisa y sin grumos. Cuando la temperatura de la mezcla no sea excesiva (menor de 50º C) añadimos la mantequilla troceada, removiendo cuidadosamente como hemos hecho antes para que no coja aire y no se formen indeseables burbujas.

(2) Por último, añadimos la mermelada de frambuesa en la cantidad indicada. Si queremos, podemos añadir más para darle mayor sabor a frambuesa, ésta es una solución de compromiso que para mí ha sido satisfactoria.
No nos fiemos demasiado del sabor de la ganache cuando todavía está templada. Cuando enfría y pasan unas horas su sabor se vuelve menos contrastado, y más si se usa como relleno.
Pasamos a preparar el jarabe para mojar el bizcocho. Mientras tanto dejamos enfriar la ganache en el frigorífico para que tenga la densidad adecuada cuando lo vayamos a rellenar.

Jarabe al ron

  • 200 ml. de agua.
  • 100 gr. de azúcar.
  • Un chorrito de ron (a gusto) o licor de cereza (kirsch).

(1) Hervimos el agua con el azúcar sin remover, hasta que burbujee y el azúcar esté totalmente disuelto. Retiramos del fuego y vertemos el ron (o licor). Si no lo vamos a usar de inmediato puede conservarse en el frigorífico.
Para que no se seque, empaparemos el bizcocho justo antes de enrollarlo y aplicar el relleno.
Rellenamos el bizcocho con la ganache, envolvemos en película de cocina y reservamos en el frigorífico hasta que lo vayamos a cubrir. Si usamos la cobertura con una tradicional ganache, ésta es recomendable prepararla durante el mismo día o, como mucho, el día antes.

Cobertura
Como cobertura puede usarse vuestra preferida. Los troncos tradicionales de chocolate se acostumbran a cubrir con una ganache sencilla, que es la receta que he puesto. Si se desea una cobertura más fina y lisa puede usarse el glaseado brillante que ya he preparado para muchas otras recetas.

Ganache para cobertura

  • 150 gr. de nata líquida (al 35% MG)
  • 150 gr. de chocolate negro al 70% de cacao
  • Opcional (no le lo he añadido): una cucharada de glucosa (30-40 gr.), hace que quede más cortante.

Creo recordar que me sobró bastante

(1) Troceamos el chocolate con un cuchillo de sierra. Vertemos la nata en un cazo que pueda ir al fuego, añadimos la glucosa (o miel), si la usamos, y la hervimos. Cuando haya hervido la retiramos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Removemos con una espátula de silicona en movimientos circulares y desde el centro hasta que se haya incorporado totalmente y forme una cobertura homogénea y sin grumos.

(2) Depositamos el tronco pobre una rejilla, mejor que el pastel no esté demasiado frío para que la ganache no se enfríe nada más entrar en contacto con el pastel, y vertemos la preparación, alisándolo ligeramente con una espátula grande o cuchillo. Damos pequeños golpecitos para que quede liso. Cuando la ganache tenga un poco de consistencia, no demasiada, dibujamos ondas con ayuda de un tenedor. Guardamos en el frigorífico para que tenga consistencia.

Como la ganache se reblandece a temperatura ambiente lo guardaremos en el frigorífico y lo retiraremos una o dos horas antes de comer. Mejor después de uno o dos días, los sabores se suavizan e integran mejor. Cortamos.

Link original:Tronco de chocolate, frambuesa y vinagre balsámico